El bitcoin es una moneda digital creada en 2009 bajo el pseudónimo de Satoshi Nakamoto; se desconoce si fue desarrollado por una sola persona o por un grupo de especialistas. Su funcionamiento se basa en la generación de un archivo digital único que por medio de la criptografía se garantiza su autenticidad –de ahí el término de criptomoneda–, además de que existe una base de datos a nivel global –denominada blockchain– que transparenta cómo y cuándo fueron creados cada uno de estos archivos. Asimismo, el algoritmo que lo genera está diseñado para que exista una cantidad única y limitada de bitcoins, y que cada cierto tiempo se puedan crear cada vez menos –a este proceso se le denomina ‘halving’– hasta llegar a su cantidad final que es de 21 millones, la cual se proyecta se llegue en el año 2144.
En términos más sencillos, el bitcoin inicialmente se manejó como una recompensa con un valor simbólico o meritorio para aquellas personas que lograran resolver acertijos o rompecabezas matemáticos. A este proceso se le conoce como ‘minería’, y poco a poco quienes lograban obtener un bitcoin ‘presumían’ en redes sociales este reconocimiento a sus habilidades matemáticas. Fue tanto el auge de este reconocimiento digital en la cultura popular geek, que empezaron a surgir grupos que montaron su propia infraestructura tecnológica con equipos de cómputo especializados para resolver estos acertijos de una forma automatizada y lograr ‘minar’ bitcoins. Con el paso del tiempo, quienes poseían estos primeros bitcoins comenzaron a venderlos, y como cualquier otro activo, éste empezó a tener un valor en el mercado, iniciando con una paridad de 1 bitcoin = 1 dólar americano. Hoy en día su valor máximo ha rebasado los 100 mil dólares, imagínense lo que esta cifra representa a casi 16 años de su creación.
Posteriormente surgieron empresas intermediarias -denominadas ‘exchanges’- para operar la compra y venta de bitcoins entre particulares. En México por ejemplo desde 2014 surgió la empresa BITSO, logrando en sus dos primeros años que la gente pudiera adquirir bitcoins en tiendas de conveniencia en más de 29 mil ubicaciones, y posteriormente con el lanzamiento de su app móvil, en estos últimos diez años ha logrado convertirse en la plataforma exchange más importante de américa latina con más de 8 millones de usuarios. Otras empresas en nuestro país han seguido una ruta similar, tal es el caso de Mercado Libre, que a través de su plataforma de pagos electrónicos (Mercado Pago), actualmente ofrece la compra rápida y muy sencilla de bitcoins para incluso utilizarlos como cualquier otra forma de pago.
Es así como el bitcoin se ha convertido en una moneda descentralizada del sistema bancario tradicional. En lo personal coincido con lo que argumentan diversos especialistas en ciberseguridad y en finanzas: el bitcoin es una herramienta para democratizar la economía mundial y representa una forma de empoderamiento financiero por la transparencia global en sus operaciones y la seguridad que ofrece en cuanto a su autenticidad. Por ello, cada vez existen más inversionistas que encuentran en bitcoin un refugio contra la inflación y la inestabilidad económica.
Sin embargo, la extrema volatilidad en el precio del bitcoin plantea serias dudas sobre su viabilidad como una moneda estable, su precio puede variar drásticamente en cuestión de horas o minutos, por ello se recomienda que sólo sea utilizada como una inversión de riesgo a largo plazo. Por otro lado, la facilidad de las transacciones ha sido aprovechada en diversas actividades ilícitas, desde el lavado de dinero hasta el financiamiento del crimen organizado o de células terroristas.
A pesar de estos desafíos, el futuro de bitcoin sigue siendo una incógnita fascinante. Existen empresas grandes y gobiernos en el mundo que desde hace unos años ya han adoptado su uso, lo que sugiere que, independientemente de sus altibajos, el impacto del bitcoin en el panorama financiero global será duradero. No obstante, su éxito o fracaso dependerá en gran medida de la evolución de la regulación, la tecnología y de la percepción pública: por un lado, están quienes ven al bitcoin como la próxima gran revolución financiera, y por otro quienes lo consideran una burbuja especulativa que podría estallar en cualquier momento. Como cualquier tecnología disruptiva, su verdadero impacto solo se revelará con el tiempo.
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