El motor que cambia a la sociedad contemporánea es el rechazo a la desigualdad, sus brotes no son recientes y contra todos los pronósticos, la democracia instituida como la mejor forma de gobierno, dentro de la peores, parafraseando a los clásicos. Vive hoy una encrucijada. Si el discurso del cambio pasa por la corrección de las desigualdades, será poco probable que estas condiciones cambien en poco tiempo. Como ya lo advierte Thomas Piketty en su obra, la desigualdad, sobre todo la económica se asienta en todas las sociedades capitalistas, pues su génesis constituye una ideología y va más allá del modelo económico que muchos suponen.

Lo anterior viene a colación porque siendo tan atractivo el discurso igualitario también resulta tan ingenuo. Lo es porque nada se corrige solo con la buena voluntad de los políticos o los gobernantes. Su corrección depende de muchos factores, la mayoría de ellos estructurales que muchos países siguen sin poder resolver justamente porque la política económica puede orientar recursos, siempre insuficientes, para paliar lo que a todas luces pasarán décadas para enmendarlos. Pensemos en los salarios, por ejemplo, a pesar de que este gobierno lo ha hecho crecer en los salarios formales, esto apenas alcanza a un porcentaje menor de la población económicamente activa que sobrevive entre el comercio informal y el milagro de la sobrevivencia. Su defensa y promoción discursiva, forman parte de esa nueva ética pública que defiende la 4T, sin embargo, cuantas décadas habrán de pasar para que esos obreros se acerquen al decil de población que gana más de $150m al mes. Un primer empleo para un joven universitario, suele ubicarse entre los 6 y 8 mil pesos al mes, que es el equivalente a los que gana un chofer de Uber o aplicación semejante. Si, la depauperización salarial de nuestras juventudes es un buen ejemplo de las complicaciones que suelen venir acompañadas con lo empleos formales. ¿La política de reducción salarial de nuestra clase política por eso resultó tan atractiva, porque era injusta, pero luego de 6 años que corrigió?

La ética pública de la 4T tiene fecha de caducidad. En la medida que una generación advierta que su voto no logró cambiar la realidad de su familia ni le permitió mejorar la suya propia, el tiempo comenzará a agotarse. AMLO que prometió no endeudar al país, deja una pesada herencia a Claudia Sheinbaum quien arranca su gobierno con signos económicos preocupantes. Todos los especialistas, incluidos los del propio gobierno, advierten que, sin una verdadera reforma fiscal, buena parte de los proyectos que a diario anuncia, no serán posibles. Si como se dice, se trata de un gobierno de izquierda, tendríamos que ver reformas que obtengan recursos de quienes más tienen, como el impuesto a la riqueza o a los que obtienen fuertes ganancias, sin invertir un peso, como sería el impuesto a las herencias. Ya no se diga de los impuestos solidarios que impone el gobierno francés desde hace décadas. Si verdaderamente la 4T tiene una ideología progresista, ha llegado el momento de pensar más allá del ingenuo discurso de que todo va a cambiar, porque el gobierno quiere que cambie. Nunca ha sido así, nunca ha sido fácil.

Síguenos en nuestras redes sociales:

Instagram: , Facebook: y X: .

Google News

TEMAS RELACIONADOS