Otumba no se puede entender sin sus burros. A 60 kilómetros del centro de la Ciudad de México, este municipio de 36 mil habitantes le debe su fama a los jumentos. Cada 1 de mayo se celebra aquí el Día del Burro, inmortalizado por la India María en su película “Tonta tonta, pero no tanto” (1972).
En el filme, María Nicolasa sale del pueblo para seguir el sueño de la ciudad, donde a su prima Eufemia le ha mejorado la suerte. El viaje está lleno de contrariedades. La primera cuando intenta abordar el tren a la capital, llevando sin éxito a su burro Filemón.
Tras una serie de peripecias, intrigas y hasta una conspiración internacional, María vuelve a “San José de los Burros”, nuestro Otumba en cuestión, donde como colofón nos encontramos el colorido de la vendimia, los puestos, las carreras y los disfraces de los burros, en la feria que este año cumple 60.
Es la tierra de Burrolandia, “el primer santuario para burros en América”, como reza su eslogan. Un lugar de descanso también para caballos, la mayoría “jubilados” de trabajos de carga, que llegan maltratados y mal alimentados. Aquí encuentran su paraíso.
Se ubica a unos metros de la antigua estación del tren y del campo de batalla donde, según Bernal Díaz, Cortés derribó al jefe del ejército mexica, Matlatzincatzin, para darle muerte y hacerse de su estandarte y con ello derrotar a quienes habían sido sus verdugos en la llamada Noche Triste; para seguir y refugiarse en Tlaxcala.
Hace unos días, conmocionó a México al darse a conocer el robo de dos caballos y dos burros. Los primeros aparecieron horas después, en un camino al municipio vecino de Nopaltepec, pero Felipe y Julieta, porque en Burrolandia todos tienen nombre, aún no.
Decía Platón que “el hombre puede medir el valor de su propia alma en la mirada agradecida que le dirija un animal al cual ha socorrido”. Quienes hemos estado en el santuario sabemos qué tan real es esto, pues se trata de un verdadero centro de rehabilitación, que se sostiene de donativos y un programa de apadrinamiento.
Según información del lugar, en los últimos 30 años se ha reducido en 75 por ciento la población de burros en México, quedando alrededor de 250 mil y, en Otumba, apenas unos 80.
Por eso indigna aún más lo acontecido, que no es una simple anécdota sino la comisión del delito de abigeato -que se refiere al robo de ganado-, y de acuerdo con el Código Penal Federal puede alcanzar una pena de hasta 15 años de prisión.
El alcalde de Otumba apareció el día de los hechos. La Comisión Estatal de Parques Naturales y de la Fauna presumió en redes que “la ayuda llegó”, entregando alfalfa, avena y alimento para caballo. Y de la Fiscalía se notó su presencia en un video de N+, donde un presunto empleado de la dependencia desliza el operar de rastros clandestinos.
Hoy que está de moda anunciar acciones en beneficio de perros y gatos, habría de considerar que el bienestar animal es para todas las especies. Aquí hay un caso para actuar y atender a una en peligro de extinción.
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