El América nació grande. Ese no es un secreto, ganó dos títulos en la década de los 60 y uno empezando la del 70, fue en esa época cuando aquel equipo de Hidalgo irrumpió en la capital y en el futbol mexicano: Cruz Azul. El dominio celeste fue tanto que se ganó el apodo de “La Máquina”, sobre todo por derrotar a ese poderoso equipo azulcrema.

El equipo de Miguel Marín y compañía ganó un tricampeonato y un bicampeonato cuando los torneos no eran la Liga MX, sino largos con 20 equipos y a dos vueltas, cuando nació la Liguilla y cuando la afición americanista se dividió entre azulcremas y sólo azules. Había surgido “El Clásico Joven”.

Los enfrentamientos en la Ciudad de México, precisamente en el Estadio Azteca donde ambos conjuntos tenían la localía, dividían a la gente, las pasiones y la rivalidad crecía en todos los barrios de la capital mexicana. Hablar de ambos clubes es hablar de historia, de triunfos, de derrotas, de campeonatos, de amor, tristeza y, sobre todo, de grandeza.

El torneo pasado el mejor equipo de México fue Cruz Azul, pero el campeón fue América, a lo América, con polémica, con un penal discutido en los minutos finales que le dio un alivio a la afición celeste que reconoció la calidad y grandeza de su club, pese a perder una final más ante su odiado rival, pero siempre con la cara al sol y muriendo en la raya hasta el final.

El “Clásico Joven” es un referente del futbol mexicano, una rivalidad que trasciende lo deportivo para instalarse en el imaginario colectivo como un choque de estilos, aspiraciones y mitologías. América y Cruz Azul son los protagonistas de esta épica del balompié. Por un lado, América con su halo de grandeza institucional, el equipo al que amas u odias; por otro, Cruz Azul, el club que ha transitado entre la épica de sus títulos y la tragedia de sus sequías.

La mejor final de los últimos años fue entre ambos equipos, una remontada épica del América de la mano del Piojo Herrera que marcó goles en el último minuto para regresar a la afición que ya se iba del Estadio Azteca ante un Cruz Azu que ya se veía levantando la copa y que terminó con una mancha que no se borra nunca más. Eso es el “Clásico Joven”, drama.

P.D: La final anticipada se vive a tope en la antesala del encuentro que nos dará al nuevo campeón, o tricampeón. Que gane el mejor y que el Clásico siempre sea joven.

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