Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía. El jugador eras tú. El gobernador eras tú. El legislador eres tú. Tú y sólo tú. Te lo digo de frente, claro y sin rodeos, el ejemplo lo debes de poner tú, porque no podemos separar al ídolo de la persona, ni sus actos, ni sus formas. Construiste un mito sobre la cancha, defendiste a tu país como nadie lo mismo de gringos que de europeos, pero hoy ensucias tu legado con una mancha que no se borra nunca más.

Como 10 no tengo duda, el mejor mexicano de todos los tiempos. Como persona no te conozco. Todo el mundo habla como si te conociera, pero yo no; Te tutean, te describen como amigo y hasta te alburean. Mucha confianza con el ídolo del pueblo, el futbolista, el político, el divo de Tepito.

Recuerdo que con 11 años te vi meter un gol imposible con una especie de tijera descompuesta, rarísima. Un golazo en toda la extensión de la palabra ante Bélgica en Francia 98. Ese Mundial fue el primero que jugaste y donde mostraste de qué estabas hecho, te cargaste el equipo al hombro a tu corta edad e hiciste brillar al Matador Hérnandez que alcanzó la histórica cifra de cuatro goles en una justa mundialista.

Casi hacemos historia si no hubiera sido por Oliver Bierhoff. Ahí comenzó la leyenda del ídolo de la Selección Mexicana, ese jugador diferente, feo, jorobado, que era odiado por la mitad del país debido al equipo que lo vio nacer, pero que era amado por todos por la garra que ponía cuando se vestía de verde, pero sobre todo por cómo defendía al Tri.

Ese jugador brilló de verde, cruzó el charco y le metió un golazo a Iker Casillas con un Santiago Bernabéu abarrotado. Resurgió de una lesión de rodilla por una entrada de cárcel de aquel innombrable. En fin, qué te digo, campeón. Tardaste dos décadas en construir un legado. Pero no viste cómo los oportunistas se querían aprovechar de ti.

También está aquel mal sabor de boca que tuviste con la juez de línea y que quedó grabado para las cámaras de televisión por un tiro de esquina que no te marcaron: "A lavar trastes, mija", una expresión terriblemente machista. Mujeriego, así te describen, no me consta. Fiestero, tampoco he convivido contigo, no lo sé. Te veo a la distancia y poco te puedo decir más allá del césped de juego, donde también tienes tus marrullerías, típico del barrio.

Tú elegiste la política antes que seguir en el fútbol y tienes que lidiar con eso. En la cancha siempre fuiste frontal y valiente, yo esperaría que ahora no te escondas detrás de un fuero o de tus compañeras, a quienes coaccionar desde dentro los líderes, esos oportunistas con los que no te deberías de juntar, pero lo Haces. En fin, ojalá que el ídolo no destruya su legado.

P.D. Dicen que el que nada debe nada teme; yo sólo te recuerdo que 120 millones de mexicanos no tienen fuero. Hay que ser frontales como en la cancha.

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