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Por: Óscar Hernández
Toluca, Méx. La industria del tatuaje en el Estado de México ha crecido significativamente en los últimos años, impulsada por una mayor aceptación social y la expansión de estudios y tatuadores. Lo que antes era un símbolo de rebeldía, hoy es una forma de expresión artística consolidada y protegida por la ley.
Los tatuajes fueron estigmatizados y asociados con la delincuencia a través de la historia, pero este prejuicio ha disminuido con el tiempo. Desde 2016, la legislación en el Edomex establece que negar empleo a una persona por portar tatuajes es ilegal, lo que ha contribuido a la normalización de esta práctica y al incremento en la demanda de tatuadores.

A finales de 2024, la ocupación de Maquillistas, Manicuristas, Pedicuristas y Tatuadores en México alcanzó las 239 mil personas; el Edomex como líder del sector con 35 mil trabajadores. Sin embargo, el 86.4 por ciento opera en la informalidad, lo que subraya la necesidad de elegir de forma consciente cómo y en qué establecimiento realizarse un tatuaje.
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El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) señala que una de cada diez personas en México tiene al menos un tatuaje, lo que representa aproximadamente 12 millones de personas.

Con este crecimiento constante, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los tatuajes se realicen en estudios certificados que cumplan con medidas de higiene para prevenir riesgos sanitarios.
En Toluca, existen alrededor de 20 estudios de tatuaje registrados y al menos 50 tatuadores independientes.
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Para garantizar un procedimiento seguro, los establecimientos deben contar con una Tarjeta de Control Sanitario emitida por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), que certifica el cumplimiento de la Ley General de Salud. Entre los requisitos se incluyen el uso de agujas estériles y desechables, tintas de calidad certificada y un ambiente de trabajo higiénico.

Realizarse un tatuaje en un lugar no certificado puede provocar infecciones, reacciones alérgicas y la transmisión de enfermedades sanguíneas.
Además, el uso de tintas de baja calidad puede generar complicaciones en la piel, como inflamación crónica o reacciones más peligrosas. Por ello, es fundamental acudir a estudios que cumplan con las normativas de higiene y seguridad.

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En cuanto a costos, los precios en establecimientos regulados en la entidad varían según el tamaño y complejidad del diseño. Un tatuaje pequeño cuesta entre 500 y 1, 500 pesos; uno mediano entre 2, 000 y 5, 000 pesos, y los diseños más extensos y detallados pueden superar los 8, 000 pesos. No obstante, estos montos dependen del prestigio del estudio y la experiencia del tatuador.
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