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Toluca, Méx. — De acuerdo con datos del Consejo Nacional para el Desarrollo y la Inclusión de las Personas con Discapacidad, en nuestro país se estima que uno de cada 116 niños desarrollará autismo, mientras que especialistas de la OMS advierten que la condición presenta un aumento del 17 por ciento anual en su diagnóstico.
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Según el psiquiatra Andrés Lozano García, el problema de esta condición es que tarda en detectarse en la infancia. Afecta las capacidades de interacción social del individuo, ya que implica variaciones en el lenguaje y en la integración sensorial.
Destaca, en este sentido, los signos de alerta que los padres deben tener en cuenta son:
- Falta de respuesta a estímulos elementales de comunicación, los cuales podrían ser el principal síntoma para considerar el diagnóstico.
- La conexión madre-hijo debe ser atendida, ya que, cuando el pequeño no sigue a la madre con la mirada y no responde a esa interacción básica, esto también debe ser considerado una señal de alerta.
Es difícil detectarlo, sino hasta que el niño comienza a mostrar algunos rasgos de interacción social, como seguir a la persona con la mirada o recibir o dar algún objeto hacia la otra persona
dijo.
Por otro lado, la hipersensibilidad a los estímulos auditivos o táctiles, además del retraso en la adquisición del lenguaje verbal, son también señales inconfundibles de niños autistas. Usualmente, estos signos se manifiestan entre los 2 y 4 años, cuando los padres notan que su hijo no desarrolla gestos sociales, como la sonrisa.
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A medida que el niño crece, alrededor de los dos años, pueden presentarse retrasos en el desarrollo del lenguaje verbal. Esto ya debe motivar a los padres a buscar atención de especialistas
expone.
Ante estos signos, la recomendación es acudir primero a un médico general, quien canalizará al paciente a un psiquiatra, un psicopediatra o un neuropediatra para una evaluación especializada.
El tratamiento del autismo no es uniforme y depende de cada caso, ya que no se trata de una enfermedad, sino de una condición neurodiversa que puede o no requerir intervención farmacológica. En algunos casos, cuando el niño presenta comorbilidades como agresividad, déficit de atención o ansiedad, pueden emplearse tratamientos conductuales o medicamentos específicos.
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